No se trata de tener fe sino de vivir de fe


1. La fe no es cuestión de cantidad, es cuestión de firmeza, de convencimiento, de un modo de vivir. Tenemos fe, pero viene a menos, porque no estamos convencidos de lo que creemos. Tampoco nos mantenemos firmes. La fe no se gasta, se debilita. No es que porque tenemos fe poco a poco se va consumiendo. Lo que pasa es que con el pasar del tiempo, empezamos a poner la fe en otras cosas, situaciones, personas, promesas y garantías. Y así la fe pasa de ser una fe en Dios a ser una fe en alguna otra cosa. Como dice la primera lectura: “El justo vivirá por su fe”. Nosotros no vivimos por la fe. La fe solamente es un aspecto circunstancial de la vida, no es algo vital. Tenemos una fe que nos ayuda a la oración pero no a vivir. Es solamente una parte de nuestra vida pero no hace parte de lo esencial de la vida. Es lo que nos enseña el evangelio. No es tanto que haya que tener más fe, lo que hay que hacer es relacionarla con la vida. Es hacerla parte de la vida. La fe me ayuda a vivir con esperanza. La fe me ayuda a vivir con serenidad los conflictos de la vida. Es ahí cuando nos damos cuenta de que no tenemos fe. La fe es confiar en Dios siempre. Y no solamente cuando en realidad no necesitamos confiar en él porque todo va bien. 2. Jesús sigue su mensaje diciendo que la fe no es solo creer, es hacer, es servir. Incluso servir sin cuestionar. Es verdad que a veces se nos pide de más y no es justo, como lo refleja el evangelio. Pero nosotros antes que nada somos servidores. La fe nos fortalece en la vida de servicio, de donación, no solo de oración. La fe nos hace generosos en el darnos. La fe no es solamente un modo de pensar, sino un modo de vivir. La fe nos ayuda a creer que verdaderamente la felicidad está en dar y no en recibir, en entregarse y no en poseer. El hacer el bien, ayudar, entregarse es un premio en la vida, no necesita ser refrendado con una recompensa. Poder llegar al final de día sintiendo que hemos hecho el bien, que hemos tenido la oportunidad de ayudar, de hacer felices, es la verdadera fuente de una alegría que perdura sin resaca. 3. La fe es vivir responsablemente la vida: “Te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste… porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación”. En la fe lo importante es la firmeza, el no venir a menos. La fe se reaviva haciendo lo que se sabe que se tiene que hacer aunque se haya perdido un poco la convicción y aunque el cansancio sea una amenaza. Es la fe de lo pequeño. No lo tengo todo claro, no tengo respuestas para todo, pero sé que esté es el camino, y sigo avanzando por él, sin mirar atrás, sin volverme, sin temor, con la fortaleza que no viene siempre de una gran fe, sino de un gran amor. Y una vida moderada, sin excesos, es también otro elemento que hace de la pequeña fe una fuerte fe, porque no está asentada en las cosas que llaman la atención sino que las pequeñas cosas de la vida, en realidad son donde realmente soy feliz.


Entradas destacadas
Próximamente habrá aquí nuevas entradas
Sigue en contacto...
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags